- Granados Cobarrubias, priista al acecho
- Antonio Padierna, respaldo de IDN
- Granados Covarrubias, priista metido a perredista
- El alfil de Mancera carece de meritos: ¡no tiene tablas!
- Marcelo Ebrard, y sus candidatos también priistas
- El candidato Lobo, su aullido no se escucha
Por Efraín Blowsmann
No sólo se trata del “hombre de confianza” de Miguel Ángel Mancera Espinosa (eso es lo que quieren hacer creer), sino también de un individuo que militó en cuerpo y alma en el Partido Revolucionario Inatitucional (PRI). Es más, fue empleado del otrora priista y ex miembro de la III Asamblea de Representantes del Distrito Federal (ARDF), Rafael Luviano Delgado, por cierto, en la Comisión de Derechos Humanos de ese órgano colegiado, cuando Manuel Jiménez Guzmán se desempeñaba como presidente de la Comisión de Gobierno.
Eran tiempos salinistas, aunque gobernaba el país Ernesto Zedillo Ponce de León gracias al asesinato del malogrado candidato del tricolor Luis Donaldo Colosio Murrieta. Carlos Salinas de Gortari se encontraba tras bambalinas moviendo el pandero político. Manuel Granados Covarrubias, hoy fiel seguidor de Mancera Espinosa, se formó al cobijo de un PRI represivo y por demás intolerante que se distinguía por perseguir e investigar perredistas.
Granados Covarrrubias hoy se mueve como pez en el agua dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y se autoproclama no sólo futuro coordinador de la bancada del sol azteca en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) sino que ya se ve como presidente de la Comisión de Gobierno de ese recinto parlamentario. Al parecer los perredistas no tienen memoria o la han perdido en el camino por conveniencía propia.
Tal vez muchos perredistas no se acuerden del alfil de Mancera Espinosa… y es natural. Manuel Granados Covarrubias siempre fue oscuro, no porque se moviera en la oscuridad de la política de los 90s. Fue un hombre opaco que servía a Rafael Luviano Delgado y al perredista Pedro Peñaloza. Su historia carece de la mayor relevancia… Sin embargo, existe una enorme piedra en su camino que no sólo lo hará trastabillar, sino que lo hará caer de bruces. Antonio Padierna Luna, candidato a diputado local por Azcapotzalco, también busca ser presidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF. IDN, la corriente perredista más poderosa en la montaña de tribus existentes en el Distrito Federal, seguramente no permitirá que un priista ocupe un sitio que le pertenecería al PRD., claro, de ganar la mayoría en ese órgano de representación popular.
Así estaba conformada la III ARDF en aquellos años: PRI, 38 representantes; PAN, 14 representantes ; PRD, 10 representantes, PVEM, 2 representantes y PT, 2 representantes. Era un PRD débil, una minoria aplastada. El PRI mayoriteaba en el recinto de Donceles y Allende. Granados Covarrubias era parte del monstruo que representaba el tricolor a nivel local y nacional. Hoy es candidato a diputado local por el Distrito XVI en Iztacalco. De ganar por un amplio margen la elección, “peleará” la coordinación de la bancada del PRD e incluso la presidencia de la Comisión de Gobierno, para desde ahí impulsar la creación de un Parlamento Metropolitano con los Congresos vecinos. La idea es resolver los problemas que aquejan a todos, como medio ambiente, inseguridad y transporte, entre otros, ha dicho este hombre sin sonrojarse por su pasado priista.
El camino político no se ve nada terso para el priista Granados Covarrubias. También tiene en su camino otras piedrecillas (débiles, por cierto) egresados del PRI, al igual que él, que aspiran a la presidencia de la Comisión de Gobierno de la ALDF.
Aspirante a legislador capitalino Adrián Michel, es alfil del jefe de gobierno Marcelo Ebrard. Michel fue su secretario particular y después Oficial Mayor en el GDF. En estos momentos hace campaña de la mano de Nora Arias, candidata a delegada en Gustavo A. Madero. Pero si Michel no corre con la suerte de liderear el recinto local, Ebrard tiene otra carta importante en René Cervera, quien va en primer lugar de la lista de candidatos plurinominales. Cervera es presidente de la Fundación de Equidad y Movimiento, una vacilada de invención de Ebrard para impulsar su etérea candidatura a la presidencia de la República.
Ahí, el jefe de gobierno aunque tiene esas dos cartas “fuertes”, también podría recurrir a Víctor Hugo Lobo, frustrado aspirante a un espacio en la Cámara de Senadores. Lobo tuvo que renunciar a sus aspiraciones para darle oportunidad a Mario Delgado, quien declinó contender en la elección interna para candidato a gobernante en la ciudad de México después de “percatarse” que su endeble figura no daba para mucho en la Ciudad de México, y seguramente en ninguna ranchería de este empobrecido país.
¡Buenas noches… buena suerte!

