- Mancera, el otro “delfín” de Ebrard
- ¡Arriba en las encuestas!, nadie se lo cree
- Ni amalgamando a todos los precandidatos resulta uno honesto
- Partidocracia, el lastre qjue arrastramos los ciudadanos
- Tráfico de influencias, entre otras linduras, es lo que persiguen los políticos
Por Efraín Blowsmann
Con todo el respaldo del Gobierno de la Ciudad de México, y con encuestas ad hoc, el ahora exprocurador de justicia capitalino, Miguel Ángel Mancera, se prepara para “triunfar” en las elecciones internas del PRD que lo ungirían como abanderado de ese instituto político a la jefatura de la capital del país…
Mancera, al igual que el malogrado secretario de Educación Pública local, Mario Delgado, son más grises que una tarde lluviosa; sin personalidad, sin distingo, sin referentes, el otrora procurador cuenta, sin embargo, con el respaldo de Marcelo Ebrard Casaubon. Delgado, al parecer se dedicará a promover la lectura y cultura entre los políticos locales, educación que tanta falta les hace.
Trabajadores de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) de todos los niveles están de plácemes porque Miguel Ángel Mancera renunció al cargo, pero mostraron su terror de sólo pensar que pueda ser jefe de Gobierno. Afirman que muchos gente inocente fue enviada a la cárcel por instrucciones “de arriba”: se armaron delitos, ya que el fin era incrementar los números en cuanto al ‘combate a la delincuencia´ se refiere…
Por ejemplo, este día se acercó una persona a mi auto cuando me encontraba entrampado en un ya familiar embotellamiento. Me entregó un volante que lucía una encuesta que supuestamente salió de manera espontánea en un periódico derechista: Mancera no sólo iba por encima de sus contrincantes, sino que prácticamente no existían contrincantes.
Miguel Ángel Mancera, un hombre gris, sin personalidad, ¡a la cabeza en las “encuestas”! Eso es imposible, inaudito. Noroña, el patancito del PRD, tiene más cartel que el ahora exprocurador. Martí Batres ni aparecía a pesar del escándalo público que se armó cuando un trémulo Ebrard Casaubon lo echó de una patadón de la Secretaría de Desarrollo Social (“el que no está conmigo está en mi contra, muy al estilo Carlos Salinas de Gortari); Alejandra Barrales se encontraba en el cuarto piso subterráneo de la inservible “Estela de Luz” y Carlos Navarrete era un verdadero holograma. Ya ni hablar de la Morralla; Benito Mirón Lince, Clara Brugada y el autodenominado Ministro de Turismo, el estenógrafo Alejandro Rojas Díaz Durán, estaban más enterrados que Hugo Díaz Thomé… ¡Pero esa es la pútrida “Partidocracia!
Ebrard Casaubon, después de su fallido intento por imponer a un secretario de Educación Pública que utilizó a la ignorante Ninel Conde para promoverse como precandidato; ahora pretende colocar a la cabeza con encuestas pagadas a un hombre acusado de fabricar delincuentes… Este tipo de procedimientos no sólo son sucios, sino aberrantes e intolerables.
La imposición de candidatos es el cáncer que corroe a los políticos y permea sobre la sociedad mexicana. La “Partidocracia” es el lastre que cargamos todos los mexicanos ¡por dejados! Las cúpulas políticas nos dejan como herencia la escoria y nosotros salimos corriendo a votar por verdaderos desconocidos, como acontecerá, seguramente, el primero de julio de este año.
Ni amalgamando a Mancera, a Batres, a Barrales, al estenógrafo, a Mirón, a Noroña, a Delgado y a Brugada, saldría un jefe de gobierno respetable y, es más, ni aderezándolo con una pisca de Ebrard, mejoraría el individuo encargado de gobernar la Ciudad de México.
Pero vamos más allá: Ni machacando en una batea a AMLO y su “república amorosa”, a Peña Nieto y su multiasesino PRI, y al ramillete del PAN y su fracaso como gobierno, resultaría un candidato idóneo para el país y menos para gobernarlo. Todos son lo mismo: corruptos, deshonestos…
Son los mismos de siempre, saltan de un partido a otro, se prestan por tres o seis años las posiciones políticas, colocan a sus hijos en candidaturas de representación popular, como el caso de Alejandro Encinas; impulsan a personajes oscuros como Manuel Bartlett Díaz; esquilman con los necesitados, como lo han hecho Dolores Padierna y su esposo René Bejarano.
La lista de políticos es una verdadera galería del terror. Negocios personales, de grupo, de partido, de familia, tráfico de influencias, ese es el fin que persiguen todos aquellos que se encuentran incrustados en los partidos políticos; mientras tanto, las Candidaturas Ciudadanas Independientes duermen el sueño de los justos en una Reforma Política olvidada por los legisladores en algún rincón de la Cámara de Diputados. ¡A qué le tienen miedo!… ¿A la competencia?
