CIUDAD DE MÉXICO, 23 de diciembre.-La historia de Fantomas en México se construyó a la sombra del culto. “Así nació, fue la única historieta que podía llamarse culta, la única en este país; en Europa había otras, pero de otro tipo, más exclusivas, elitistas. La mexicana era popular”, afirma Gonzalo Martré (Metztitlán, Hidalgo, 1928), periodista y escritor que durante más de nueve años dio vida a las aventuras más fructíferas del personaje.
Publicación que quincenalmente aparecía en el puesto de periódicos, que pasaba de mano en mano en las peluquerías, relato de un misterioso personaje avecindado en París –lector voraz y amante de la poesía, seductor y siempre comprometido con la justicia–, Fantomas cumplió en 2011 cien años de su nacimiento en Francia, donde originalmente fue concebido como una serie de novelas policiacas. A propósito, Martré recuerda en entrevista lo que significó darle vida en el país.
Corría el año de 1966, hace 45 años, cuando la historieta apareció por primera vez en la colección Tesoro de Cuentos Clásicos que tiraba Editorial Novaro, la misma que publicaba en México Batman, Superman o La pequeña Lulú. Transportar a Fantomas al papel en forma de cómic fue idea de Guillermo Mendizábal (1933-2002) que junto con el dibujante Rubén Lara, llevaron al plano nacional al protagonista –ladrón y criminal– de las novelas policiacas escritas a principios del siglo XX por los franceses Marcel Allain y Pierre Souvestre.
Las revistas de Novaro eran supervisadas por el poeta costarricense Alfredo Cardona Peña (1917-1995), que al quedarse sin la pluma de Mendizábal recurrió a sus amigos en busca de argumentos para Fantomas, que ya aparecía con su nombre y con el lema La amenaza elegante (también creado por Mendizábal).
De manera regular Cardona Peña se reunía con sus compinches en una tertulia que llamaban Liga de Escritores y Artistas Borrachos (LEAB). Ahí llegó a ofrecer mil pesos por cada argumento de Fantomas que se publicara. Gonzalo Martré cuenta que por entonces pasaba penurias económicas y no lo dudo dos veces: de inmediato se propuso como argumentista.
“He tratado de encontrar una explicación, pero la mera verdad es un poco forzada: leía historietas desde niño, cuando estaba en la primaria leía Chamaco, que traía varias historietas seriadas dentro, con dibujantes y argumentistas mexicanos que me gustaban mucho. Las leía en Pachuca, después lo dejé de hacer por que nos trasladamos a ciudad Cruz Azul, un pueblo rabón, pinche, con gente explotada, donde no llegaba nada”, cuenta quien fuera articulista de Excélsior.
Al llegar a la Ciudad de México retomó sus lecturas, pero esta vez incluían a escritores clásicos que le enseñaba su madre, mismos que más tarde servirían para terminar de dar forma a Fantomas. Junto a Martré trabajaron para la historieta Gerardo de la Torre y Rosa María Philips, pero él fue quien más historias creó, “casi 300”. Al principio, por considerar que no era motivo de orgullo, el crédito de Martré no aparecía en la revista, después él mismo pidió que lo incluyeran.
Un personaje más cínico
Aunque Martré reconoce a Mendizábal como el gran creador de Fantomas en México (concibió al profesor Semo, el robot C-19, el gato Yago, los refugios secretos y las bellas ayudantes con los nombres del Zodiaco), también imprimió en el personaje su impronta. “Lo hice un poco más cínico, un poco menos escrupuloso, siempre fue culto, así fue creado por Mendizábal, yo nada más seguí la línea.
“También fui el primero en meter personajes famosos, eso fue una aportación mía porque pensé que si Fantomas vivía en París, era un hombre culto e inmensamente rico debía conocer personajes famosos de aquel entonces, era un tipo Robin Hood que podía ser amigo de Cortázar, Sophia Loren, Jane Fonda, gente de mucha fama pública”, explica.
“Se vendía cada quince días en cada esquina, era una historieta sobre todo muy popular entre los estudiantes, de secundaria un poco y prepa un poco más, algo de licenciatura, pero era sobre todo consumida por alumnos de preparatoria por su estructura de tipo cultural”, agrega.
Dar vida a las aventuras del catrín no era tarea sencilla y sólo se lograba con lecturas. “Leyendo mucho, libros de aventuras y de toda clase, yo adaptaba, o como ahora se dice: fusilaba, pero no era fusil porque yo lo adaptaba a la temática, al ambiente de Fantomas; tomaba la aventura principal y los personajes y con eso hacia un argumento. Leía mucho para eso”.
Con información del periódico Excélsior

