CIUDAD DE MÉXICO, 18 de diciembre.-En el silencio del universo, dentro de una sonda, robots y computadoras, en sorprendente simbiosis mecánica electrónica, en cumplimiento de un programa diseñado por científicos en la Universidad de Berkeley, trabajarían mutua y alternativamente durante miles de años con el fin de mejorar su capacidad funcional y alcanzar allá en las inmensas profundidades del espacio un planeta con agua líquida y manifestaciones de vida.
La sorprendente idea la esboza la conocida y prestigiosa divulgadora científica Julieta Fierro al hablar acerca del reciente descubrimiento de Kepler 22-b, un minúsculo viajero estelar localizado a 600 años luz de nuestro sistema solar.
Una idea que si bien parece brotar de una atractiva novela de ciencia ficción empieza a perfilarse, según las palabras que recogemos de la astrónoma de la UNAM, como una posibilidad en el pensamiento científico. La simiente empieza a desarrollarse, a pulsarse en los laboratorios, el fruto nunca jamás lo conocerán ni ésta ni sucesivas generaciones; acaso la raza humana haya desaparecido de la faz del planeta Tierra.
¿Cuál es la trascendencia del descubrimiento de Kepler 22-b? preguntamos a Julieta Fierro. (A principios de semana se difundió el acontecimiento: Kepler 22-b fue detectado por los telescopios. Es un planeta de 2.4 veces mayor del tamaño de la Tierra, con un promedio de temperatura de 22 grados Celsius y un periodo de 290 días en su recorrido de traslación sobre una inmensa estrella semejante a nuestro Sol).
“En el siglo pasado no se descubrieron planetas extrasolares. Se especulaba acerca de la existencia de algunos pero no se sabía cómo detectarlos, se planteaba además la posibilidad de existencia de vida en algunos de ellos. Un grupo de astrónomos con el soporte de la tecnología ideó la forma. Hoy se conocen más de mil de estos planetas. La investigación se orienta a los que tienen características semejantes en masa, temperatura y agua líquida a la de nuestro planeta. Se les halló en función al movimiento ondulatorio de la luz a su paso frente a una estrella, el planeta absorbe energía luminosa y ésta es interpretada por físicos y astrónomos en el espectógrafo. A raíz del proceso evolutivo de la tecnología se empezaron a descubrir más planetas mediante un procedimiento conocido como Tránsito. Por ejemplo cuando Venus transita por el disco solar, lo que sucede cada 105 años, se ve una bolita, un pequeño punto. Por la absorción de luz puede clasificarse el tipo de planeta.
Autora de más de 40 libros de divulgación, premio Kalinga de la Unesco en París 1995, Latinoamericano de popularización de la ciencia en Chile 2001 y Sor Juana Inés de la Cruz 2009, en Nayarit y en otros estados de la República se le honra en bibliotecas con el nombre de Julieta Fierro, indica que la tarea de rastrear los planetas no es fácil. “Por ejemplo, si desde Alpha Centauri apuntásemos con el mejor de nuestros telescopios hacia el Sistema Solar, probablemente por la brillantez del Sol, no descubriríamos el planeta Tierra”.
La astrónoma señala que mediante aquel método se han encontrado planetas con el triple de la masa de la Tierra, con agua líquida y vapor de agua.
En el siglo XX se discutía acerca de la probabilidad de vida extraterrestre. Luego, en el puro estilo de la inteligente Miss Marple, la divulgadora científica Julieta Fierro advierte: No es que los científicos anden buscando seres de color verde con antenitas en la cabeza. La vida se originó en el agua. Nuestro planeta es una bolsa de agua salada. Somos agua salada. Se creía que sólo bajo estas condiciones podría haber vida.
(En su discurso de ingreso a la Academia de la Lengua, Imaginar un caracol, la maestra Julieta Fierro expresó: Nosotros vivimos nuestros primeros meses dentro del agua y poseemos un mar salado en el interior de la bolsa que es nuestro organismo. De allí nuestro gusto por la sal y el agua).
“El concepto de vida se ha modificado. Ahora sabemos que hay seres extremófilos que pueden vivir en aguas termales en temperaturas de 90 grados Celsius, en aire contaminado y que algunos pueden incluso alimentarse de azufre. En las profundidades del mar y seguramente del cosmos hay seres vivientes que no necesitan luz como se ha hallado en lagunas de Chiapas; estos seres viven en géyseres de energía. Hoy predominan otras ideas acerca
de la vida.
“La importancia del descubrimiento de Kepler 22-b es conocer si hay vida, ya que las condiciones de vida y temperatura son similares a las de nuestro planeta. Tiene poco más de dos veces la masa de la Tierra de tal manera que una persona de 70 kilogramos pesaría poco más de 140. Con cierta dificultad esa persona podría moverse.”
“La mayoría de las personas no tiene idea de las distancias estelares. Una sonda con las velocidades actuales recorrería los 600 millones años en…” la astrónoma Julieta Fierro corta la idea: “No dé cifras. La idea principal es la investigación acerca de la vida y principalmente comunicarnos.”
“Viajar a Marte es posible. Podremos saber si hay agua. Pero hacia un punto tan lejano a 600 años luz es ciertamente imposible. Una nave a la velocidad de la luz necesitaría mil 200 años en un viaje de ida y vuelta. Las cifras son irrelevantes. Lo importante es saber que Kepler 22-b puede albergar vida.”
“Investigadores científicos de la Universidad de Berkeley estudian en el proyecto de lanzar una sonda con computadoras y robots, sin seres humanos, con la idea de que unos y otros mediante su capacidad de cálculo e inteligencia artificial se ayuden mutuamente y evolucionen su funcionamiento en su largo viaje estelar.”
Sonda tardaría 3,809,127.7 años
El Sol nos arrastra a la velocidad de vértigo de 220 kilómetros en un segundo y la Tierra, una minúscula y azulada burbujita de agua salada, navega alrededor de él con una rapidez de 30 kilómetros en un segundo.
A la vez, ambos viajan en un inmenso cúmulo de estrellas en forma de espiral denominado por los griegos Vía Láctea, de un diámetro de 100 mil millones de años luz, a la velocidad de 600 km en un segundo y se dirige a la galaxia Andrómeda.
El nombre de Vía Láctea dado al manto blanquecino que vemos en el cielo se deriva, de acuerdo al mito, de la leche derramada por uno de los senos de la diosa Hera cuando Hércules, siendo un bebé, lo mordió.
Si hipotéticamente un objeto se dirigiera con la velocidad del Sol, de México a Londres, cubriría la distancia de ocho mil kilómetros en 36 segundos y un tercio.
En 1969, cuando Neil Armstrong llegó a la Luna, el presidente Richard Nixon afirmó que el hombre había dado el primer paso hacia la conquista de las estrellas. La ignorancia de los políticos siempre ha sido inmensamente sideral.
En el modelo astronómico del físico y matemático inglés James Jean, si consideramos el Sol del tamaño de un balón de voleibol, la Tierra estaría a 30 metros de distancia representada por un frijol; la Luna la colocaríamos a siete centímetros y sería de la mitad de un grano de arroz. Alpha Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar, la situaríamos a ocho mil kilómetros de distancia. Alpha Centauri está a 4.3 años luz de la Tierra.
La velocidad de las sondas espaciales oscilan en los 170 mil km en una hora, 47.2 km en un segundo. Para llegar a Alpha Centauri, el hombre necesitaría más que miles de siglos.
¿Qué es un año luz? Es la distancia que recorre la luz en un año. La velocidad de la luz es de 299 mil 792.458 kilómetros en un segundo. Si fuese posible curvarla le daría, en un segundo, 7.5 vueltas al planeta en su línea ecuatorial.
Utilicemos los siguientes datos con el fin de darnos una idea del tiempo que requeriría una sonda espacial para llegar a Kepler 22-b, el planeta recientemente descubierto en la constelación del Cisne y que se localiza a 600 años luz.
En un segundo la luz recorre 299,792.458 km.
En un día (86,400 segundos) = 25,902,068,371.2; la cantidad se lee 25 mil 902 millones 68 mil 371.2 kilómetros.
En un año, 365 días = 9,454,254,955,488 km. Se lee 9 billones 454 mil 254 millones con 488 km.
En 600 años = 5,672,552,973,292,800 km. Se lee 5 mil 672 billones, 552 mil 973 millones, 292 mil 800 km.
De manera semejante una sonda recorrería en un año = 1,489,200,000. Se lee mil 489 millones con 200 mil kilómetros.
Son kilometrajes inimaginables por la mente. Si dividimos la distancia a Kepler 22-b en el kilometraje anual de la sonda tendremos la cantidad 3,809,127.7 años. ¡Es decir 3 millones 809 mil 127.7 años!
Los científicos calculan que la colisión cósmica de la Vía Láctea y Andrómeda va a ocurrir dentro de cuatro mil millones de años. Choque de racimos de millones de estrellas y monstruosos agujeros negros. Cuando llegue la sonda a Kepler 22-b la raza humana habrá desaparecido.
Hoy como hace apenas 5 mil años, cuando los sumerios habitaron la Mesopotamia y los egipcios y los chinos oteaban el cielo –éstos registraron la aparición de cometas en el 2296 AC; los astrónomos Hi y Ho fueron sentenciados a muerte por no predecir un eclipse– es la curiosidad del hombre, el conocimiento científico lo que lo impulsa a conocer su entorno. Este afán de saber que existe la posibilidad de vida en un punto tan remoto en el espacio mueve a la investigación y a la intención de comunicarnos.
Con información del periódico Excélsior



