LA VIDA EN ROSA

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CRISTINA ROMÁN PINEDA

Cinco famosos cuentos narrados a través del ballet y la pantomima, y una ópera en tono de fantasía lírica que demuestra que todo acto o acción tiene sus consecuencias, integraron la puesta El niño y los sortilegios / Mamá la ocade la compañía “Érase una vez…” Producciones, que se presentó el pasado fin de semana en el Centro Nacional de las Artes (Cenart).

En esta segunda ocasión del ciclo La ópera es puro cuento… y el ballet también, el Teatro de las Artes del Cenart albergó dos obras maestras del pianista francés Maurice Ravel, las cuales captaron la atención de chicos y grandes por sus vistosos vestuarios y coloridas escenografías.

Subido el telón, la ópera El niño y los sortilegios presentó de inmediato al protagonista de la historia: un pequeño desobediente recostado en el suelo de su habitación, aburrido de hacer tarea. Su madre descubre que el diablillo ha tirado tinta roja en el cuarto lo que lo lleva a reprenderlo y castigado con no merendar.

Al quedarse solo, el protagonista dice ser un niño malo al que no le importa quedarse en el cuarto. Manifiesta querer ir al parque y comer pastel; es tan fuerte su berrinche que rompe objetos, pisa sillones, destruye libros, golpea la chimenea y maltrata a los animales de su jardín.

Luego de tirar al suelo todo lo que tuvo a la mano, el niño se sorprende y atemoriza al ver que los objetos de su habitación cobran vida. Los muebles y la decoración empiezan a hablarle, e incluso su deber de aprender matemáticas se transforman en un hombre rodeado de un coro de números.

De las páginas de un libro por él destrozado emerge una princesa, quien le reprocha su conducta y de no valorar los buenos momentos que vivieron, como su primera sonrisa al término de la lectura del cuento.

Pero lo más extraño estaría por ocurrir, su dormitorio se convirtió en un jardín lleno de animales y plantas cantando que han sido torturados por el niño. 

Agobiado y triste, el infante intenta hacer las paces con los animales y las plantas, pero huyen de él debido a las heridas que les causó antes de que pudieran hablar, posteriormente deciden unirse y atacarlo, en este intento, una ardilla se hace daño y los animales dejaron de atacar.

Ante la sorpresa de todos, el chiquillo venda a la ardilla, que se desmaya agotado. Los animales se apiadan del niño, y deciden intentar ayudarlo en casa, pues empiezan a dudar de su maldad.

Llamó la atención de esta puesta los más de 30 actores y cantantes sobre el escenario, dándole vida a gatos, murciélagos, libélulas, pastores, perros, ardillas, ranas, sapos, arañas, un búho, entre otros animales y personajes.

En la puesta Mamá la oca, a través del ballet se narraron los cuentos: la Danza de la Rueca, la Pavana de la Bella durmiente del bosque, una Conversación de la Bella y la Bestia, Pulgarcito, Laideronnette, Emperatriz de las Pagodas, concluyendo con El jardín de las hadas.

Para este montaje el actor Marco Vinicio Estrello, fungió como el narrador que explicó las historias de los conocidos cuentos, previo a su presentación.

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