A Vuelapluma

 México, D. F., a 15 de mayo de 2012.- Las opiniones han sido de uno y otro color. Blanco o negro por no decir amarillo o rojo. No hay lugar para los grises. Así, una gran mayoría de medios vio a Enrique Peña Nieto ser vapuleado por los jóvenes de la “Ibero”; la cadena OEM y los medios controlados en los estados priístas lo vieron aguantar y salir victorioso del boicot que le presentaron los estudiantes, mientras que Televisa nada vio.

Era previsible que a Enrique Peña Nieto no le iría nada bien, ni le irá en cualquiera de las universidades a la que vaya, incluida la Autónoma del Estado de México, porque la juventud, los estudiantes, a esa edad, suman un sinnúmero de preguntas que muchas ocasiones los adultos no sabemos contestar y si logramos responderlas, no aceptarán las respuestas. Es la edad de la rebeldía, de estar en contra del status quo, de la actuación en libertad, sin cortapisas.

No dudo que hubo mano negra de las huestes de Andrés Manuel López Obrador, quien dos semanas antes fue recibido con gritos de “presidente… presidente”, pero tampoco que el movimiento anti Peña haya sido natural porque cuando jóvenes, generalmente nos inclinamos a la izquierda, aunque AMLO no la represente.

Tampoco dudo que Peña Nieto tuvo un grupo de seguidores llevados de fuera, como un alumno del Tec de Monterrey ventiló, el equipo de Peña Nieto habría exigido a manera de protección en su probable visita a ese centro de estudios, 900 lugares.

Seguramente, también, una parte de estudiantes se quedó a la expectativa porque no simpatizan ni con uno ni con otro candidato y tal vez esperen a la llegada de Josefina Vázquez Mota, egresada de la Ibero, para manifestarse a favor o en contra.

Es un ejercicio altamente democrático que los jóvenes se expresen, es saludable, incluso para la vida pública del país. Nos merecemos una sociedad abierta, libre, donde la libertad de expresión sea base de la participación política.

Finalmente el problema es la polarización en la que estamos cayendo todos.

Como llave de esta polarización encuentro, por un lado la avalancha de recursos económicos, técnicos y humanos que derrocha un candidato para hacer creer a la gente que es lo que México realmente necesita; un candidato a quien le aseguran ambientes controlados y, por el otro, la necesidad de éstos jóvenes de hacerse escuchar y hacer ver, de manera desesperada, que no es esa propuesta la que quieren para el México que les tocará cargar sobre sus espaldas.

Los jóvenes que se manifestaron, seguramente no quieren en la presidencia a un gobernante de un PRI que en los estados hipotecó el futuro de neoleoneses, coahuilenses, veracruzanos, quintanarroenses, poblanos, oaxaqueños y hasta mexiquenses y que fue autoritario, con razón o sin ella, con mujeres y campesinos en Atenco.

Estudiantes y críticos, al fin, quizá tampoco quieran a un presidente que demostró que si no trae un guión al alcance, carece de la capacidad de salir adelante en situaciones embarazosas. A nadie se le olvida su lapsus en la FIL de Guadalajara.

Ojalá los políticos y sus asesores entendieran que México ya cambió, que es otro, que los tiempos del autoritarismo como en los años 60 y 70 es cosa del pasado y nuestros jóvenes no quieren que los remitan a él. Es tiempo que se les escuche, pero también que se les proponga un futuro viable, digno, y no se les venga a tratar de vender espejitos porque entonces se vuelve un diálogo de sordos como el que hemos visto en esta campaña.

El ejemplo de Egipto y demás países del Medio Oriente, no ha dejado huella en los políticos.

E-mail: renatoconsuegra@yahoo.com.mx
Twitter: @renatoconsuegra
Facebook: renatoconsuegra

(*) Esta columna fue publicada en los diarios El Economista, La Crónica, Rumbo de México y La Crisis entre 1997 y 2006. Renato Consuegra es ganador del Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí y director de Difunet y Campus México.

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