La izquierda gana la presidencia de México con victoria aplastante

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, tuvo éxito al hacer construir un discurso político desde la izquierda. Credit Manuel Velásquez/Getty ImagesEl presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, tuvo éxito al hacer construir un discurso político desde la izquierda. Credit Manuel Velásquez/Getty Images

 

Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda, será el próximo presidente de México. Según el conteo preliminar del Instituto Nacional Electoral, López Obrador ganaría con el 53 por ciento de los votos, una cifra mayor que la de cualquier presidente en la historia democrática del país.

CIUDAD DE MÉXICO — Montado en una ola de descontento colectivo por la corrupción y la violencia desenfrenadas, Andrés Manuel López Obrador fue elegido presidente de México este domingo 1 de julio con una victoria aplastante, que da un vuelco al sistema político dominante del país y le otorga un amplio mandato para reformar al país.

La victoria de López Obrador lleva a un líder de izquierda al mando de la segunda economía más grande de América Latina por primera vez en décadas, una posibilidad que ha embargado de esperanza a millones de mexicanos (y a las élites del país, de temor).

El resultado representa un rechazo evidente al statu quo de la nación, que durante el último cuarto de siglo se ha definido por una visión centralista y por una adopción de la globalización que muchos mexicanos sienten que no les ha servido.

Las promesas centrales de la campaña de López Obrador —acabar con la corrupción, reducir la violencia y abordar la pobreza generalizada de México— fueron muy populares entre los votantes, pero acarrean preguntas que él y su nuevo gobierno podrían tener dificultades para responder.

¿Cómo pagará su ambicioso plan de programas sociales sin gastar en exceso y dañar a la economía? ¿Cómo librará a su gobierno de funcionarios corruptos cuando algunos de ellos fueron parte de su campaña? ¿Podrá hacer mella en la violencia inexorable de la guerra contra las drogas, que el año pasado causó más homicidios que las dos décadas anteriores?

¿Y cómo gobernará López Obrador, un político radical con tendencia a menospreciar las críticas en los medios y en todos lados?

Al final, el deseo de un cambio en el país pesó más que cualquiera de las dudas que el candidato pudiera haber inspirado.

“Es tiempo de un cambio, es tiempo de ir con López Obrador y ver qué pasa”, dijo Juan de Dios Rodríguez, un campesino de 70 años del estado de Hidalgo, un bastión tradicional del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ha dominado la política en México durante prácticamente toda su vida. “Esta será la primera vez que votaré por un partido diferente”, dijo.

En su tercer intento por llegar a la presidencia, López Obrador, de 64 años, ganó en la elecciones que las autoridades han descrito como las más grandes en la historia de México.

José Antonio Meade, candidato del Partido Revolucionario Institucional, organización que ha dominado la política durante décadas en México, emitiendo su voto en Ciudad de México Credit Johan Ordóñez/Agence France-Presse

José Antonio Meade, candidato del Partido Revolucionario Institucional, organización que ha dominado la política durante décadas en México, emitiendo su voto en Ciudad de México (Crédito: Johan Ordóñez/Agence France-Presse)

Según los primeros resultados del conteo rápido, obtuvo más de la mitad de los votos, más que cualquier candidato desde que la nación comenzó su transición a la democracia hace casi veinte años. Como un reflejo del cambio en el voto, sus principales competidores admitieron la derrota 45 minutos después del cierre oficial de las mesas, otra primicia histórica.

Con sus socios de la coalición, es probable que López Obrador tenga una mayoría en el Congreso, lo que potencialmente le dará más poder para promulgar sus políticas.

En su discurso el domingo por la noche en Ciudad de México, López Obrador buscó unir a un electorado polarizado y prometió velar por todos los ciudadanos, en primer lugar por los pobres.

“Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, el interés superior, el interés general”, dijo. “El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos, a ricos y pobres, a pobladores del campo y de la ciudad, a migrantes, a creyentes, y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales”.

Un repudio general al poder tradicional ha encumbrado a líderes populistas en Estados Unidos y Europa, así como a políticos conservadores en varios países de América Latina, incluida Colombia tras la elección del mes pasado.

“Las últimas elecciones en América Latina han demostrado la misma exigencia de cambio”, dijo Laura Chinchilla, la expresidenta de Costa Rica. “Los resultados no son una aprobación de las ideologías, sino exigencias de un cambio, un cansancio que siente la gente que espera respuestas que simplemente no han llegado”.

Seguidores de Andrés Manuel López Obrador celebran su triunfo en el Zócalo de Ciudad de México el domingo por la noche. Credit Guillermo Arias/Agence France-Presse

Seguidores de Andrés Manuel López Obrador celebran su triunfo en el Zócalo de Ciudad de México el domingo por la noche. (Crédito: Guillermo Arias/Agence France-Presse)

López Obrador, quien ha prometido bajar su propio salario y elevar los de los empleados gubernamentales que reciben los salarios más bajos, hizo campaña con un discurso de cambio social que incluía un aumento de las pensiones para los adultos mayores, becas de estudio para jóvenes y apoyo adicional para los campesinos.

Dijo que pagaría esos programas con el dinero que el país ahorre al eliminar la corrupción, una cifra que ha ubicado en decenas de miles de millones de dólares al año, y que algunos expertos dudan que llegue a materializarse.

Realista o no, el atractivo de su mensaje está empapado del lenguaje de la nostalgia de tiempos mejores. Y, en cierto sentido, de un nacionalismo económico que algunos temen que revertiría importantes avances logrados a lo largo de los últimos veinticinco años.

En este sentido, así como en otros, los paralelismos entre López Obrador y Trump son difíciles de ignorar. Ambos son líderes tempestuosos, que están poco dispuestos a conceder una disputa política. Ambos arremeten contra sus enemigos y ven a los medios con recelo.

El domingo por la noche, Donald Trump felicitó a Andrés Manuel López Obrador por su triunfo en las elecciones presidenciales y mencionó que ansiaba trabajar con él por el beneficio de ambos países.

Es la tercera vez que AMLO, un político personalista de 64 años, se postula a la presidencia de México, y obtuvo un triunfo aplastante de la mano de una coalición extraña, para muchos contradictoria —incluye sindicatos, agrupaciones religiosas de derecha, sectores tradicionales de izquierda— tras una campaña atravesada por la guerra sucia y el asesinato de políticos locales. El hastío por la violencia y la corrupción desenfrenadas en el país llevaron a la ciudadanía a castigar al partido gobernante con el voto, pero también la movió la ilusión por un líder que ha hecho de la lucha contra la corrupción y la pobreza ejes de su carrera política.

Incluso si el descontento que impulsa el ascenso de López Obrador es en gran parte resultado de los problemas nacionales, el nuevo presidente tendrá la presión de tomar una postura menos conciliatoria con su homólogo estadounidense. El actual gobierno, encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto, ha sufrido en relativo silencio una serie de humillaciones por parte de Trump.

Enrique Peña Nieto, presidente de México, después de emitir su voto en Ciudad de México Credit Alfredo Martínez/

Enrique Peña Nieto, presidente de México, después de emitir su voto en Ciudad de México (Crédito: Alfredo Martínez)

No obstante, López Obrador no es el populista latinoamericano típico, ni su marca como izquierdista muestra la complejidad de su ethos.

Al construir su tercera candidatura a la presidencia, López Obrador reunió a un heterogéneo grupo de aliados, algunos con visiones contradictorias. Hay políticos de izquierda, sindicatos, conservadores de extrema derecha y apoyo de parte de la Iglesia católica. Cómo se las arreglará para mantener bajo control estos intereses en conflicto está por verse.

López Obrador heredará una economía que solo ha visto un crecimiento modesto durante las últimas décadas; uno de sus mayores retos será convencer a los inversionistas extranjeros de que México se mantendrá dispuesto a hacer negocios.

Si él fracasa en convencer a los mercados de que está comprometido con la continuidad o hace cambios abruptos a la política económica actual, el país podría batallar para lograr incluso el crecimiento modesto de los gobiernos anteriores.

Existe evidencia de que López Obrador sabe lo que está en juego. Aunque sus opositores lo han pintado como un radical similar a Hugo Chávez, López Obrador ha prometido no elevar la deuda del país y mantener relaciones cercanas con Estados Unidos.

López Obrador, quien suele ser llamado por sus iniciales, AMLO, tiene un historial de trabajo con el sector privado y ha designado un representante respetado para manejar las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Las promesas centrales durante la campaña de López Obrador —acabar con la corrupción y abordar la pobreza generalizada del país— fueron inmensamente populares con los votantes mexicanos. Credit Mario Vázquez/Agence France-Presse

Las promesas centrales durante la campaña de López Obrador —acabar con la corrupción y abordar la pobreza generalizada del país— fueron inmensamente populares con los votantes mexicanos. (Crédito: Mario Vázquez/Agence France-Presse)

“Hoy AMLO es un político de centro mucho más moderado que gobernará a la comunidad empresarial con la mano derecha, y a los sectores y programas sociales con la izquierda”, dijo Antonio Sola, quien creó la efectiva campaña de miedo que marcó a López Obrador como un peligro para México en la elección de 2006, en la que fue derrotado.

“La gran diferencia entre aquel entonces y ahora es que la emoción dominante entre los votantes es la ira”, dijo Sola. “Y la ira es mucho más fuerte que el miedo”.

Respecto a la violencia, López Obrador ha fallado en gran medida en articular una política que vaya más allá de lugares comunes. En determinado momento, dijo que la amnistía para los delincuentes menores podría ser una opción para acabar con el ciclo de encarcelamiento.

Cuando la propuesta generó críticas generalizadas, López Obrador dijo que la idea era simplemente un esfuerzo de pensar de maneras más creativas. Sin embargo, los analistas dicen que pocas cosas diferencian su plataforma de la de otros candidatos e incluso de la de su predecesor, Peña Nieto.

Lo más probable es que él se encuentre en una posición poco envidiable al tener que manejar la crisis en vez de acabar con ella.

“La gran diferencia entre ese entonces y ahora es que la emoción dominante

entre los votantes es la ira. Y la ira es mucho más fuerte que el miedo”.

                                                                                                                                                                         ANTONIO SOLA, ESTRATEGA POLÍTICO

Peña Nieto llegó al poder en 2012 con la promesa de llevar a México al siglo XXI, al lograr consenso con partidos de oposición para implementar una serie de reformas muy necesarias que revitalizaron los oxidados sectores de energía, educación y telecomunicaciones.

No obstante, para López Obrador, quien ha pasado gran parte de su carrera política preocupado por los pobres, estas reformas destinadas a modernizar instituciones atrapadas en el pasado fueron poco más que un asalto al pueblo.

Ha prometido revisar los contratos de exploración petrolera concedidos a firmas internacionales y respetar aquellos realizados de manera honesta, así como emprender medidas legales contra aquellos que no.

Es posible que cese la licitación de nuevos contratos, lo que potencialmente pondrá la futura exploración y producción petrolera de México de nuevo en manos del Estado. A partir de ahí, no queda claro si López Obrador entregará los derechos de vuelta a la petrolera estatal, Pemex, que ha sufrido graves problemas tanto de corrupción como de ineficiencia.

Las autoridades calificaron la votación del domingo como la más grande elección en la historia de México con 3400 cargos federales, estatales y locales en juego. Credit Félix Márquez/Associated Press

Las autoridades calificaron la votación del domingo como la más grande elección en la historia de México con 3400 cargos federales, estatales y locales en juego. (Crédito) Félix Márquez/Associated Press)

Para muchos, el futuro de la industria petrolera del país ejemplifica la preocupación central por la presidencia de López Obrador: incertidumbre.

A pesar de todo el discurso de cambio, a muchos les preocupa que su presidencia sea un regreso al pasado.

“Lo que más me preocupa sobre energía y educación es la ambigüedad del camino alternativo por delante, si decide dar marcha atrás con ellas”, dijo Jesús Silva-Herzog Márquez, profesor de Ciencias Políticas en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey.

A algunos les preocupa cómo será la relación de López Obrador con la oposición, porque su personalidad impulsiva ha deleitado y preocupado a los votantes.

AMLO tiene antecedentes de ignorar a sus detractores o de atacarlos públicamente. Se refiere a la comunidad de las organizaciones sin fines de lucro de México, que ha sido una fuerza para el cambio y la democracia, como “fifís”.

Para sus oponentes, este ciclo electoral ha llevado a los tres principales partidos políticos de México a una crisis. El partido de Peña Nieto sufrirá una drástica reducción en tamaño y poder en el nuevo Congreso, mientras que el Partido de la Revolución Democrática, de izquierda, tal vez ni siquiera sobreviva.

Quizá el único partido con suficiente poder para servir de contrapeso será Acción Nacional, a pesar de haber soportado una brutal división en la campaña.

Sobre el combate a la corrupción, el elemento que definió su campaña, pocos creen que será fácil abordar las complejas realidades de la corrupción sistemática.

Eso podría causar que López Obrador sea una continuación de la decepción a la que muchos votantes reaccionaron.

“El mayor problema que veo son las expectativas que él ha construido”, dijo Carlos Illades, profesor de Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana e historiador de la izquierda mexicana. “El problema será lo que no sea capaz de hacer. Hay personas que esperan mucho”.

El crimen organizado condiciona la elección de muchos cargos locales en México

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su discurso de celebración en el Zócalo de Ciudad de México, el 1 de julio de 2018 Alfredo Estrella/Agence France-Presse

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante su discurso de celebración en el Zócalo de Ciudad de México, el 1 de julio de 2018 (Alfredo Estrella/Agence France-Presse)

CHILPANCINGO, México — Su campaña había empezado hace apenas unas horas cuando llegaron las primeras amenazas. Siguieron por medio de mensajes de texto y llamadas con una voz desconocida al otro lado del teléfono.

El mensaje era el mismo: salte de la contienda o te mueres.

Abel Montúfar se mantuvo desafiante; su hermano recuerda que les dijo a quienes lo amenazaban: “No les tengo miedo”. El 8 de mayo, nueve días después del inicio de la campaña en el estado de Guerrero, en la costa pacífica de México, su cuerpo fue encontrado en el asiento trasero de un vehículo estacionado.

El asesinato de Montúfar se mantiene impune, pero sus familiares están seguros de quiénes son los responsables: los criminales y grupos delincuenciales que respaldan a un aspirante rival al cargo.

Los mexicanos votan este domingo por un nuevo presidente y elegirán más de 3400 cargos locales, estatales y federales; es la elección con mayor cantidad de puestos en juego en la historia. Y quizá también la más sangrienta en la historia reciente del país.

Montúfar es uno de los al menos 136 políticos y operadores políticos que fueron asesinados en México desde el otoño, de acuerdo con la firma de análisis de riesgo y consultoría Etellekt. Más de un tercio eran candidatos o precandidatos; la mayoría buscaba cargos locales. Otros eran oficiales de partido, personas ya en un puesto electo y trabajadores de campaña.

De cara a la jornada electoral, buena parte de la atención se ha centrado en el posible resultado presidencial. Pero para millones de personas que viven en las zonas más violentas del país, el mayor impacto en su vida diaria será el resultado de las elecciones locales.

Anuncios de campaña en Acapulco, Guerrero Credit Brett Gundlock para The New York Times

Anuncios de campaña en Acapulco, Guerrero (Crédito: Brett Gundlock para The New York Times

Y los grupos de delincuencia organizada parecen haber determinado ya cuáles serán esos resultados.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que durante más de setenta años tuvo un predominio político casi absoluto en el país, colapsó de forma estrepitosa en las elecciones: apenas entre un 15 y un 16 por ciento del electorado votó por el candidato del oficialismo. “Voy a ser honesto: Fui del PRI toda mi vida, pero es tiempo de cambiar, es momento de ir con López Obrador y ver qué pasa”, dijo Juan de Dios Rodríguez, un campesino de 70 años que admitió que por primera vez votó por otro partido.

“El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos”, dijo anoche López Obrador frente a miles de ciudadanos que festejaban su victoria en el Zócalo de la capital mexicana, “a ricos y pobres, a pobladores del campo y de la ciudad, a migrantes, a creyentes, y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales”. Frente a él, una multitud festejaba en la plaza empujada por aquello que durante toda la jornada electoral se percibía en el aire: una esperanza de cambio.

 

“Nadie ha hecho más campaña que ellos en esta elección”, dijo Alejandro Martínez, oficial de alto rango del Partido de Acción Nacional (PAN) en Guerrero, uno de los estados más violentos y empobrecidos de México.

Decenas —si no es que cientos— de candidatos dejaron la contienda porque temían por sus vidas. Algunos partidos no han encontrado a nadie dispuesto a postularse para ciertos cargos.

Algunos candidatos se vieron forzados a viajar en autos blindados rodeados por guardaespaldas y a usar chalecos antibalas. En algunas partes de los estados más violentos las amenazas volvieron imposible hacer actos de campaña.

“Tienes que estar un poquito loco para ser candidato aquí”, dijo Martínez.

La colusión entre políticos y grupos criminales en México no es algo nuevo. Sin embargo, en la última década la delincuencia organizada ha buscado con mayor fuerza cooptar la política local al influenciar el proceso electoral, con la violencia como un método para elegir a sus candidatos. Con la colaboración de funcionarios en cargos clave, la delincuencia organizada ha podido proteger y hacer crecer sus negocios criminales al ejercer control sobre las fuerzas policiales locales, asegurarse lucrativos contratos de gobierno y exigir el pago de porcentajes de los presupuestos municipales.

Jorge Luis Rendón es candidato a una diputación federal en Guerrero. Dice que los intentos para cooptar a políticos locales ahora son abiertos y descarados. Credit Brett Gundlock para The New York Times

Jorge Luis Rendón es candidato a una diputación federal en Guerrero. Dice que los intentos para cooptar a políticos locales ahora son abiertos y descarados. (Crédito: Brett Gundlock para The New York Times)

La tendencia ha sido particularmente evidente frente a las elecciones del 1 de julio.

Además de los políticos asesinados, se reportaron alrededor de 400 casos de tentativas de homicidio, amenazas, secuestros o intimidación, de acuerdo con Etellekt, que compiló sus datos a partir de información del gobierno, académicos, sociedad civil y reportes de medios. Los casos se han reportado en 346 municipios del país.

Esta campaña bajo las sombras del crimen organizado, que no ha sido frenada por los débiles y corruptos sistemas judiciales y de mantenimiento del orden, ha ocurrido en medio de niveles históricos de violencia en el país; algo que, a su vez, es un asunto central de la contienda presidencial.

“Si el Estado no es garante de que la voluntad popular se respete, entonces no tienes democracia”, dijo Antonio Orozco Guadarrama, secretario general en Guerrero del Partido de la Revolución Democrática (PRD). “Y esto pone en un gran peligro la democracia del país”.

El problema ha empeorado en medio de cambios profundos tanto en la economía criminal como en las políticas mexicanas.

Por más de una década, la estrategia del gobierno mexicano ha sido desmantelar la delincuencia organizada con ataques contra los capos. El enfoque fue impulsado con la creencia de que, al cortar la cabeza, el cuerpo se destruiría.

Sin embargo, la táctica derivó en la fragmentación de las organizaciones en cárteles y grupos más pequeños, que son más violentos y más localizados. Antes, las grandes mafias de delincuencia organizada se enfocaban en la producción de drogas y el contrabando, pero estos grupos más volátiles han incursionado de manera más generalizada en delitos como la extorsión, el secuestro, los juegos de apuestas ilegales y el robo de combustible.

Un mitin del Partido Revolucionario Institucional en Iguala, Guerrero, se realizó en junio frente a una manta que exige justicia por la desaparición de 43 estudiantes en esa ciudad en 2014. Credit Brett Gundlock para The New York Times

Un mitin del Partido Revolucionario Institucional en Iguala, Guerrero, se realizó en junio frente a una manta que exige justicia por la desaparición de 43 estudiantes en esa ciudad en 2014. (Crédit0: Brett Gundlock para The New York Times)codirector

Y como tienen un enfoque más local, estos grupos criminales requieren una mayor colaboración de los funcionarios locales.

“Los cárteles previos se dedicaban sobre todo al contrabando de drogas a Estados Unidos y no podía importarles menos quién era alcalde a menos que ese alcalde se metiera en o intentara impedir su negocio”, dijo Alejandro Hope, analista de seguridad en Ciudad de México. “Pero en este nuevo mundo de pandillas locales, controlar a esos gobiernos locales es clave”.

La fractura del paisaje criminal se ha dado a la par de una fractura del paisaje político de México. Durante más de setenta años —1929 a 2000— la política era un monopolio partidista.

Tanto ese partido como la delincuencia organizada eran monolitos muy jerárquicos y la colusión entre los dos usualmente se daba en los niveles más altos. Pero conforme ese sistema unipartidista y vertical se rompió y surgió uno pluralista, con mayor competencia entre los partidos, el nivel local adquirió mayor poder e influencia.

“Durante mucho tiempo estas autoridades locales recibían órdenes de arriba, entonces los interlocutores del crimen estaban en el ámbito federal”, dijo Steven Dudley, codirector de InSight Crime, fundación que estudia la delincuencia organizada en el continente. “Pero cuando quedan estos sistemas democráticos con más jugadores el poder real quedó en manos locales”.

De repente, obtener ventajas sobre los mecanismos de la gobernanza y política locales se volvió uno de los focos de estos grupos criminales pequeños y buscaron cómo controlar el proceso electoral.

Moisés Antonio González Cabañas en San Marcos Ocatzingo, Guerrero. El candidato critica que en algunas partes se le tenga que pedir permisos a la delincuencia organizada para hacer campaña. Credit Brett Gundlock para The New York Times

Moisés Antonio González Cabañas en San Marcos Ocatzingo, Guerrero. El candidato critica que en algunas partes se le tenga que pedir permisos a la delincuencia organizada para hacer campaña. (Crédito: Brett Gundlock para The New York Times

“Estos grupos no solo quieren vincularse con los candidatos, sino ser quienes los nominan”, dijo Eduardo Guerrero Gutiérrez, analista de seguridad de Lantia Consultores, en Ciudad de México.

Así, incluso cuando la democracia mexicana ha evolucionado a nivel federal, se ha reducido el espacio para elecciones libres, abiertas y transparentes a niveles municipales.

La mayoría de la violencia en este periodo se ha dado en zonas municipales rurales, donde la delincuencia organizada puede ejercer control sobre los políticos con mayor facilidad.

“Es absurdo que en muchas de estas comunidades alguien te dé ‘permiso’ para hacer campaña”, dijo Moisés Antonio González Cabañas, profesor que compite por un escaño en el Congreso estatal de Guerrero.

Aunque gran parte de la violencia política ha estado concentrada en algunos estados, ninguna de las entidades federativas se ha librado de este problema.

El 8 de junio, un candidato a una diputación federal por Coahuila, Fernando Purón, fue baleado a la salida de un debate en la ciudad de Piedras Negras, en la frontera con Estados Unidos. Estaba posando para una foto con un votante cuando un atacante se acercó y le disparó en la cabeza.

Purón había recibido amenazas de muerte porque una de sus promesas de campaña era terminar con aparentes vínculos entre funcionarios y el narcotráfico y se mantuvo desafiante frente al principal grupo de delincuencia organizada en el estado, de acuerdo con medios locales.

El 10 de junio, Rosely Danilú Magaña Martínez, candidata a regidora en isla Mujeres, cerca de Cancún, fue baleada durante un evento de campaña con su equipo. Murió dos días después.

Este junio, en un plazo de una semana, tres candidatos a alcaldías en el estado de Michoacán fueron asesinados, incluido Fernando Ángeles Juárez, en Ocampo. Las autoridades del estado arrestaron a toda la policía local de ese municipio para investigar a los agentes por el homicidio de Ángeles Juárez.

“Si el Estado no es garante de que la voluntad popular se respete, entonces no tienes democracia”.

                                                                                              ANTONIO OROZCO GUADARRAMA, SECRETARIO GENERAL DEL PRD EN GUERRERO

Guerrero ha sido una de las regiones más golpeadas. De acuerdo con Etellekt, al menos catorce candidatos y aspirantes han sido asesinados allí desde el otoño, más que en cualquier otro estado.

Aunque parte de la violencia en el estado surge debido a disputas por el control de rutas del narcotráfico y la industria de la amapola, la incursión de los grupos delincuenciales en delitos locales sí ha tenido un efecto pronunciado en la violencia electoral, según políticos.

El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, dijo que la creciente influencia de la delincuencia organizada en la gestión local ha socavado también su capacidad de gobernar a nivel estatal.

“La mitad del tiempo la dedicas a ver cómo los combates, cómo los paras”, dijo Astudillo en su oficina en Chilpancingo, la capital estatal. Dijo que se veía obligado a “apoyarse fuertemente” en las fuerzas de seguridad federales, porque “las policías municipales son de casi nula ayuda”.

Danzantes en la plaza de Chilpancingo, Guerrero; con catorce candidatos o aspirantes asesinados, este estado es de los que más sufrieron violencia política durante este periodo electoral. Credit Brett Gundlock para The New York Times

Danzantes en la plaza de Chilpancingo, Guerrero; con catorce candidatos o aspirantes asesinados, este estado es de los que más sufrieron violencia política durante este periodo electoral. (Crédito: Brett Gundlock para The New York Times)

En Chilapa de Álvarez, rodeada por campos de cultivo y colinas, cuatro políticos fueron asesinados en los últimos meses. Entre las víctimas había dos precandidatas de distintos partidos a una diputación localque fueron asesinadas en el plazo de unos días.

Otros tres aspirantes al Congreso estatal dejaron la contienda por amenazas.

Se cree que las organizaciones criminales rivales que se pelean por influir en la elección son responsables de los homicidios, dijo Jorge Luis Rendón, candidato a diputado federal por un distrito que incluye a Chilapa.

La lucha por el control político de ese y otros municipios guerrerenses ha sido más cruenta debido al desplome del precio de la amapola opiácea, lo que ha llevado a la delincuencia a diversificar sus actividades criminales más allá del narcotráfico, según funcionarios.

La campaña de los grupos criminales para cooptar la política local en Chilapa y sus alrededores empezó como un fenómeno sigiloso, explicó Rendón. Pero ahora es “abierto y descarado”, señaló; el crimen organizado incluso dicta cómo votarán comunidades enteras.

El respaldo de un grupo delictivo a un candidato prevé la cantidad de votos que pueden conseguir los opositores para darle una apariencia de legitimidad al conteo, mientras se asegura el resultado que favorece a los criminales, dijo Rendón.

Erit Montúfar, hermano de Abel Montúfar, dijo que le pidió que abandonara su candidatura al Congreso local antes de su asesinato en mayo. La familia está muy involucrada en la región conocida como Tierra Caliente (donde colindan Michoacán, el Estado de México y Guerrero) y en la política de ahí.

Cuando Abel Montúfar, padre de cuatro hijos, comenzó a recibir las amenazas, sus familiares de inmediato se preocuparon.

“Yo en algún punto le llegué a sugerir que renunciara a la candidatura, por todos los riesgos”, dijo su hermano. “Pero no quería y me decía: ‘No, porque no estoy haciendo nada malo, es un derecho que tenemos el de participar en esta elección’”.

“Fue una tragedia”, añadió. “Algo terrible no solo para nuestra familia, sino para todos los partidos políticos”.

Rendón, el candidato a la diputación, dijo que decidir postularse pese a las amenazas puede ser un acto de convicción… con el riesgo de que sea el último acto.

“Sí, hay miedo”, dijo. “Pero a veces es más el coraje de lo que tenemos que hacer por el país. A veces nos mueve más el corazón que el miedo”.

Con información del NYT

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