Este domingo son las elecciones presidenciales mexicanas

Simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador en un mitin de Morena celebrado en Coyoacán, el 7 de mayo de 2018 Rebecca Blackwell/Associated PressSimpatizantes de Andrés Manuel López Obrador en un mitin de Morena celebrado en Coyoacán, el 7 de mayo de 2018 Rebecca Blackwell/Associated Press

 

El mensaje de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el candidato de izquierda que ha dominado la campaña electoral, ha tenido eco en sectores muy diversos del electorado del país.

  • Muchos votantes de estados industriales como Aguascalientes, con altos niveles de desarrollo económico y bajos índices de violencia, aseguran que lo respaldarán. “Se le dará el valor a la gente y habrá una oportunidad para mejores salarios y mejores prestaciones”, dijo Juan Carlos Álvarez Pedroza, un trabajador de una fábrica aguascalentense.
  • Si buscas un ejemplo de por qué no sería malo mantener las cosas tal como están en México, probablemente el mejor lugar que hay es Aguascalientes.

Una fábrica nueva de Nissan está contratando para el turno de la noche y los trenes llenos de partes cruzan hasta la frontera con Texas y más allá. La tasa delictiva es baja, los trabajos abundan y en zonas que por mucho tiempo estuvieron descuidadas ahora se avista una piscina rodeada por muros de cristal cerca de un parque.

Pero en medio de una elección presidencial en la cual el principal hilo narrativo es el cambio, el descontento que motiva a los votantes del resto del país también se ha hecho sentir en este cinturón de manufactura. El enojo nacional por la corrupción que ha puesto contra las cuerdas al gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) también se ha hecho sentir en Aguascalientes. Y un sector del electorado que usualmente respalda a los conservadores ahora es un comodín.

Los trabajadores de una fábrica de Nissan en Aguascalientes fuman durante un descanso antes del cambio de turno a las siete de la mañana. Credit Meghan Dhaliwal para The New York Times

Los trabajadores de una fábrica de Nissan en Aguascalientes fuman durante un descanso antes del cambio de turno a las siete de la mañana. (Creédito: Meghan Dhaliwal para The New York Times)

Esta es una de las razones que explica el auge del candidato de corte populista Andrés Manuel López Obrador (AMLO): un apoyo de regiones de México donde no tuvo grandes resultados en las últimas dos elecciones en las que participó. Ahora tiene una ventaja considerable a días de la votación, el 1 de julio.

López Obrador, de 64 años y ex jefe de Gobierno de Ciudad de México, ha hecho campaña con la promesa de poner fin a lo que llama la “mafia del poder” y de atender la desigualdad arraigada en el país. Esas promesas van de mano en mano: asegura que su gobierno primero recuperará millones que se pierden con la corrupción y el malgasto para redirigir los fondos a programas sociales.

Es un argumento que atrae a Martín González, de 53 años, trabajador en una fábrica alemana de partes de motores ubicada en Aguascalientes. Dijo que planea votar por AMLO en parte porque el gobierno no se acerca a quienes más lo necesitan. “Lo que vemos últimamente es que los únicos beneficiados son los que trabajan en el gobierno; lo roban todo”, dijo.

Los opositores de López Obrador aseguran que sus políticas regresarán a México a una era desastrosa como la década de los setenta, cuando el país quedó sumido en la deuda y la hiperinflación después que varios presidentes con medidas populistas tomaron prestado y gastaron (y en algunos casos desfalcaron) millones de dólares.

Sin embargo, esas alertas no son tomadas en cuenta por muchos mexicanos justamente debido a quién las ha lanzado. El presidente Enrique Peña Nieto, cuyo mandato termina el 1 de diciembre y que no puede postularse a la reelección, ha liderado un gobierno que muchos equiparan con la corrupción; con contratos otorgados a compinches y haciendo caso omiso de gobernadores y funcionarios acusados de embolsarse decenas de millones con diversos esquemas.

El PRI eligió como su candidato a un tecnócrata, José Antonio Meade, porque parecía ser libre de escándalos. Sin embargo, no ha logrado despuntar y está en tercer lugar en las encuestas.

El Partido de Acción Nacional (PAN), de centroderecha y que gobernó México durante doce años antes de la elección de Peña Nieto, ha sufrido sus propios escándalos y su gestión pasada ha sido criticada como inefectiva.

López Obrador no ha ofrecido muchos detalles concretos sobre cómo luchará contra la corrupción. Pero ha convencido a muchos de que pondrá fin a la impunidad, entre ellos a sus ahora partidarios de la fábrica de partes de motor.

“Antes ser político era ser intocable”, dijo Alejandro de Jesús Peña Ibarra, de 32 años y compañero de trabajo de González. “Pero si les empiezas a poner límites ya saben que no son emperadores”.

“Ya fue mucha oportunidad para los otros y no ha mejorado el país

ANA MARÍA ANDRADE, VOTANTE DE 31 AÑOS

Francisco Abundis, director de la encuestadora Parametría, afirma que el enojo por la corrupción ensombrece cualquier otro tema de campaña. “Es percibido como que algo te quitaron”, dijo. “No puedes saber cómo fue ni cuánto fue, pero así se siente”.

Una partidaria joven de Andrés Manuel López Obrador durante un mitin del candidato morenista en Chimalhuacán, a las afueras de Ciudad de México, a mediados de junio Credit Alejandro Cegarra para The New York Times

Una partidaria joven de Andrés Manuel López Obrador durante un mitin del candidato morenista en Chimalhuacán, a las afueras de Ciudad de México, a mediados de junio. (Crédito: Alejandro Cegarra para The New York Times)

Eso implica una sospecha de que cualquiera que ha escalado en la política se ha beneficiado de alguna ayuda dudosa en el camino.

“Ya no es nada más cuestión de ‘A mí me va bien’”, dijo Abundis, al explicar por qué un candidato de voto de protesta ha avanzado incluso en esta región central bastante próspera; sino “de cómo le está yendo a la persona a mi lado, ¿y por qué?”.

Prácticamente no hay encuestas estatales, pero una estimación del sitio especializado en las elecciones Oraculus sugiere que López Obrador y el candidato del PAN, Ricardo Anaya, están casi empatados en Aguascalientes.

“Queremos un cambio ya”, dijo Ana María Andrade, de 31 años, madre de dos hijas cuyo esposo trabaja en la fábrica. “Ya fue mucha oportunidad para los otros y no ha mejorado el país”.

Ni ella ni uno solo de sus doce hermanos y hermanas votaron por López Obrador en elecciones pasadas, dijo. Ahora, añadió Andrade, la mayoría de su familia respalda al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. “Ya nos cansamos de las mismas promesas”, dijo.

Ese desencanto parece haber motivado a otros a cambiar de color.

“Estamos conscientes que López Obrador no viene a salvar al mundo”, dijo Rosa María Romero Centeno, de 59 años, maestra de kínder retirada. “Simplemente queremos dar un escarmiento a los otros partidos”.

María Montoya, de 21 años, es una estudiante de Economía que dice que va a votar por López Obrador. Credit Alejandro Cegarra para The New York Times

María Montoya, de 21 años, es una estudiante de Economía que dice que va a votar por López Obrador. (Crédito: Alejandro Cegarra para The New York Times)

López Obrador ha conseguido apoyo de maestros tanto jubilados como actuales, indicó Romero Centeno, que tienen recelo de una reforma de hace cinco años que ellos creen buscaba reducir los trabajos en el sector.

El esposo de Romero Centeno, Eduardo Antuna Villanueva, trabajador de gobierno jubilado de 63 años, dijo que el fracaso del Estado de derecho lo llevó a respaldar a AMLO, aunque nadie más en su círculo social está de acuerdo.

“Ya vamos a ganar un paso, por no ser tan corruptos”, dijo Antuna, quien descartó las afirmaciones de otros de que un gobierno de López Obrador será caótico. “Ya se moderó”, indicó sobre AMLO.

Otros siguen sin estar convencidos.

“¿Cuántas veces se ha postulado y cuántas veces le ha ido mal? No me llena el ojo”, indicó Misael Salazar Macías, de 42 años, agricultor de Pabellón, municipio cercano donde la extensión citadina da paso a cultivos. La promesa de Anaya de bajar el precio de la gasolina es lo que afianzó su voto por el panista.

Mientras que Rosa Elena Macías Ramírez, de 43 años, la esposa de Salazar, sigue indecisa. “El gobierno llega, sale, llega y sale. Prácticamente se olvidan de la gente que trabaja en el campo”, dijo.

Algunos votantes creen que López Obrador sí destruirá la economía.

“Es el peor, es socialista y de tendencias comunistas”, acusó Francisco Gutiérrez Jiménez, de 72 años, quien vende leche recién ordeñada y planea votar por el PRI aunque sentencia que “todos son unos rateros”.

Aunque la corrupción es la preocupación principal, al igual que la seguridad en los estados con mayores índices de delincuencia, la economía es un tema también álgido.

En Aguascalientes hay un sentimiento de que el auge económico ha dejado atrás a muchos trabajadores. En todo el país se han estancado los salarios reales en la última década, según un estudio del Colegio de México, y la tierra hidrocálida no es excepción.

Partidarios de AMLO esperaron en la lluvia en Chimalhuacán para un mitin, el 14 de junio. Credit Alejandro Cegarra para The New York Times

Partidarios de AMLO esperaron en la lluvia en Chimalhuacán para un mitin, el 14 de junio. (Crédito) Alejandro Cegarra para The New York Times)

Un trabajador de fábrica sindicalizado gana quizá hasta 20 dólares por día, incluido su sueldo y prestaciones. Al paquete se suman los planes de ahorro, el transporte gratuito, las comidas subsidiadas y otros beneficios.

Todos los candidatos han reconocido que los salarios en México son bajos, pero los argumentos de López Obrador son los que más parecen haber calado.

“Nos abriría muchas puertas”, dijo Juan Carlos Álvarez Pedroza, de 42 años y trabajador de la fábrica de partes, que paga más que otras en la ciudad. “Se le dará el valor a la gente”, dijo, “y habrá una oportunidad para mejores salarios y mejores prestaciones”.

Viridiana Ríos, asociada del Instituto México del Centro Woodrow Wilson en Washington, dijo que pese al crecimiento impulsado en las inversiones de fabricantes automotrices mundiales tanto en Aguascalientes como en el resto del Bajío hay señales que ayudan a explicar el descontento de los votantes ahí. “Hemos confundido el término desarrollo con el término de crecimiento económico”, dijo Ríos.

“Creo que el foco más importante del Bajío ha sido competir hacia abajo, para ofrecer las mejores condiciones a las automotrices —en instalaciones o cuántos años tendrán exenciones de impuestos— con la meta de atraer más manufactura”, dijo. En vez, indicó, “necesitamos atraer las inversiones que queremos”.

El crecimiento de trabajos es un atractivo para la migración desde zonas más pobres de México, aunque eso también ha reducido los salarios. Un tercio de los sueldos del estado no cumplen con el estándar de bienestar del gobierno, dijo Ríos. Esa cifra es mayor que hace dos años, cuando era un cuarto.

Un indicador ominoso es que la tasa de homicidios en Aguascalientes se duplicó el año pasado, aunque sigue siendo bajo en comparación al resto de México.

Aunque López Obrador por fin encontró el respaldo en esta zona conservadora, su campaña enfrenta un obstáculo adicional: convencer a algunos que sí vayan a las urnas o a que no anulen su voto.

“Cualquier persona que viene a la presidencia hace lo mismo: robar”, dijo Erandi Rodríguez, de 21 años, madre de hogar que tiene una hija de 2 años. Rodríguez dijo que está convencida de anular su voto para demostrar su disgusto.

“El Peje puede hacer un cambio”, dijo Rodríguez, con referencia al apodo de AMLO. Dudó un momento, pero al final se mantuvo desconfiada.

“Pero no va a hacer todo lo que dice”.

El escepticismo de los jóvenes mexicanos por la política favorece a AMLO

Un sector de la juventud mexicana que creció con los escándalos de corrupción y las peleas entre el PRI y el PAN, los movimientos políticos que desde hace décadas han dominado la democracia, también han expresado su apoyo por las propuestas del candidato. “No va a salvarnos, no va a ser el gran cambio. Pero es un nuevo comienzo, es cambiar la página”, dice el abogado Jorge Carlini, de 34 años, quien votará por AMLO.

AMLO ha atraído a jóvenes desencantados con el sistema y los partidos políticos que han gobernado en Los Pinos. Credit Alejandro Cegarra para The New York Times

AMLO ha atraído a jóvenes desencantados con el sistema y los partidos políticos que han gobernado en Los Pinos. (Crédito: Alejandro Cegarra para The New York Times)

Alcanzaron la mayoría de edad durante la joven democracia mexicana y en medio de una violencia sin tregua. Son el sector del electorado con mayores niveles de educación en la historia, pero se enfrentan a salarios estancados.

Más que nada están hartos de la corrupción y de la política de siempre, y quieren encaminar a su nación hacia un futuro distinto.

Mientras México se prepara para una elección histórica el 1 de julio —se votan más de tres mil cargos concurrentes, la mayor cantidad en unos comicios en el país— el sector que más probablemente determinará el resultado son los milénials y la llamada generación Z.

Alrededor de la mitad del electorado tiene menos de 39 años y uno de cada cinco votará por primera vez. Es un grupo demográfico profundamente desencantado con el sistema establecido que busca con urgencia a un líder moral que pueda promover el cambio real.

“Seguimos pensando en este caudillo, que llegará una persona honesta que cambiará todo”, dijo María Montoya, de 21 años, en referencia a líderes como los que surgieron después de la independencia del país. “Yo no lo creo”.

“Hemos salido a las calles y hemos protestado, hemos pedido cambios y respuestas por los 43 y los demás desaparecidos”, añadió la estudiante, quien vive en Ciudad de México pero es oriunda de Sinaloa, ciudad en el noroeste particularmente asediada por la violencia. “Y parece que no tenemos control sobre nuestro futuro y que lo único que podemos hacer es chambear desde donde estamos y cruzar los dedos para que no te pase una desgracia”.

Aunque muchos mexicanos jóvenes dicen no haber encontrado al aspirante idóneo para ese cambio que ansían entre los cuatro candidatos presidenciales, parece que uno en particular es quien aprovechará el descontento: Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo con varias encuestas, entre el 41 y el 47 por ciento de los mexicanos entre 18 y 29 años de edad planean votar por López Obrador, quien tiene 64 años, fue jefe de Gobierno de Ciudad de México y que es candidato a la presidencia por tercera vez.

“Necesitamos un borrón y cuenta nueva, una especie de redención; el sentir de un ‘por fin’”, dijo Jorge Carlini, de 34 años, un abogado de Ciudad de México que dice que votará por AMLO. “No va a salvarnos, no va a ser el gran cambio. Pero es un nuevo comienzo, es cambiar la página”.

Un mitin de José Antonio Meade, el candidato del Partido Revolucionario Institucional, en mayo en Nayarit Credit César Rodriguez/Bloomberg

Un mitin de José Antonio Meade, el candidato del Partido Revolucionario Institucional, en mayo en Nayarit. (Crédito: César Rodriguez/Bloomberg)

Los votantes potenciales más jóvenes de México crecieron durante un periodo crítico de la historia política del país, cuando el Partido de Acción Nacional (PAN), de centroderecha, puso fin a más de setenta años del gobierno unipartidista del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con la elección de Vicente Fox, en 2000. Ese cambio a un sistema más plural les inculcó un sentimiento de las promesas de la democracia.

Pero las realidades de la política mexicana han erosionado esa esperanza; los gobiernos posteriores han hecho poco para atajar la corrupción, violencia, impunidad y desigualdad rampantes… y con frecuencia han contribuido a estas.

Los últimos seis años con el presidente Enrique Peña Nieto —un líder muy impopular cuyo gobierno ha estado marcado por escándalos de corrupción, una violencia en aumento y violaciones a los derechos humanos— han afianzado su enojo con la clase política, así como su deseo por un cambio profundo. Los presidentes mexicanos no pueden postularse a la reelección.

Tanto los jóvenes como el electorado en general están preocupados en buena medida con la corrupción rampante y están hastiados de los integrantes del sistema establecido, según encuestas.

Muchos mexicanos jóvenes no terminan de estar encantados con López Obrador; sin embargo, dicen que planean cruzar su nombre en la boleta a regañadientes.

Varios dicen que el candidato no ha presentado la agenda progresista que les gustaría ver: prácticamente no se ha pronunciado respecto a temas medioambientales ni ha hecho declaraciones específicas sobre los derechos de personas LGBT, además de que su coalición, Juntos Haremos Historia, incluye tanto a su fuerza de izquierda, Morena, como al Partido Encuentro Social, un grupo de corte evangélico crítico de la interrupción legal del aborto y de los derechos de personas homosexuales.

Andrés Manuel López Obrador en Ciudad de México en abril, antes del primer debate presidencial Credit Alfredo Estrella/Agence France-Presse — Getty Images

Andrés Manuel López Obrador en Ciudad de México en abril, antes del primer debate presidencial. (Crédito: Alfredo Estrella/Agence France-Presse)

Sin embargo, para muchos jóvenes votantes, López Obrador por lo menos ofrece la mejor oportunidad de ponerle fin al statu quo del PRI y el PAN que se han alternado el poder durante las últimas dos décadas. Esos partidos ya tuvieron su oportunidad y la desaprovecharon, dicen. Cualquier giro distinto a esas fuerzas es suficiente para ofrecer esperanza y atisbos de posibilidades.

“Es el oxígeno que esta democracia mexicana necesita, es eso”, dijo Antonio Martínez Velázquez, periodista y activista que vive en Ciudad de México.

Genaro Lozano, analista político de Ciudad de México, dijo que López Obrador ha logrado transformar el enojo de la juventud en un entusiasmo esperanzado tal como lo hizo en Estados Unidos el senador Bernie Sanders cuando aspiraba a la candidatura demócrata en 2016.

“A la mayoría de los jóvenes y de la gente no le importa estas alianzas contra natura de AMLO”, dijo Lozano, en referencia a su coalición con el PES, “porque están demasiado enojados con el pobre crecimiento económico, la violencia disparada, los asesinatos de periodistas, los miles de desaparecidos, los casos sin resolver, la falta de empleos”.

A lo largo de la campaña durante la primavera y el verano, todos los candidatos presidenciales intentaron atraer a votantes jóvenes al inundar las redes sociales con memes o anuncios dirigidos a milénials.

En uno de estos, una joven adulta les revela a sus padres que está pensando en mudarse con un novio nuevo, Andrés, una referencia velada a López Obrador.

Jaime "el Bronco" Rodríguez Calderón con su familia en mayo Credit Luis Pérez/Agence France-Presse

Jaime “el Bronco” Rodríguez Calderón con su familia en mayo. (Crédito: Luis Pérez/Agence France-Presse)

“Quiero probar”, dice la joven, “algo nuevo”. Añade, en aparente referencia a las tres veces que AMLO ha sido candidato: “Después de tanto insistir, ya le toca”.

Los padres de la joven se quedan atónitos e intentan convencerla: “Hay elecciones en la vida que no tienen marcha atrás”, le dice la madre.

Sin embargo, los analistas dicen que los candidatos más tecnócratas de los dos otros grandes partidos —Ricardo Anaya, panista de 39 años y quien está en segundo lugar en las encuestas, y José Antonio Meade, de 49 años y priista que está en tercer lugar— no han encontrado cómo atraer a esos jóvenes desencantados.

Mientras que López Obrador se ha presentado como la persona que puede romper con la política de siempre con grandes promesas de iniciar una “revolución”, con lo que apela de manera más directa a la juventud.

“Nadie desea un cambio más radical que los jóvenes”, dijo Sabina Berman, autora y columnista en Ciudad de México. Dijo que López Obrador representa “un rayo de esperanza” para ponerle fin a un sistema político que no ha cumplido las promesas sociales ni económicas a ese sector poblacional.

“Pero es una esperanza triste, no una fervorosa”, añadió. “Es una esperanza escéptica”.

Cambridge Analytica

Un reportaje de The New York Times reveló la relación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con Cambridge Analytica (según las fuentes, el PRI le pagó a esta empresa, que ayudó a Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos, para que no colaborara con otros movimientos políticos en México). Además, expriistas y observadores electorales independientes señalaron el uso de estrategias mediáticas, órganos judiciales y la entrega de monederos electrónicos a los votantes como medidas irregulares para intentar fortalecer la candidatura de José Antonio Meade.

El PRI revisó esa propuesta durante meses, y al final decidió que no necesitaba pagar millones de dólares a alguien externo para una campaña sucia. El partido podía hacer eso por sí solo. Sin embargo, como una muestra de las medidas extremas a las que el priismo está dispuesto para afianzar su posición en el poder, le pagó de cualquier manera a Cambridge Analytica… para que no colaborara con ningún otro partido, de acuerdo con dos personas con conocimiento directo de las negociaciones.

Esa decisión tomada a principios de 2017 fue el inicio informal de lo que, para algunos, ha sido un periodo alarmante del mal uso de recursos del gobierno para fines electorales.

“Lo que están haciendo es tomar la poca credibilidad y confianza que hay en nuestras instituciones y tirándola a la basura”, dijo Ignacio Morales Lechuga, exprocurador general mexicano en los años noventa, cuando el PRI también estaba en el gobierno. “Deja entrever el débil Estado de derecho que tenemos aquí y señala un deseo de hacer lo que sea para mantenerse en el poder”.

La Procuraduría General de la República (PGR), que anunció en febrero la investigación contra el candidato opositor Ricardo Anaya, no ha presentado cargos ni ha ofrecido evidencia, lo que ha despertado quejas de que la única pretensión con la pesquisa es que el partido gobernante dirija el resultado electoral.

Mientras que el tribunal electoral ha rechazado dos auditorías de gastos indebidos por parte del PRI, revirtió una decisión que intentó regular un mecanismo para la posible compra de votos y permitió que estuviera en la boleta un candidato presidencial cuya campaña fue acusada de amaños, una decisión que los encuestadores creen podría restarle votos a la oposición.

Más allá de eso, los fondos destinados a observadores electorales se desplomaron, mientras que el gasto en tarjetas de regalo y otros servicios públicos ha aumentado en los últimos meses. Esas tácticas han sido usadas desde hace mucho tiempo para conseguir los votos de personas pobres en México, según observadores.

López Obrador en un mitin en Ecatepec a principios de junio Credit Moisés Castillo/Associated Press

López Obrador en un mitin en Ecatepec a principios de junio. (Crédito Moisés Castillo/Associated Press)

Por más de setenta años, el PRI ha dominado la política del país. Ahora, pese a los esfuerzos recientes, parece encaminado a una derrota contundente en las elecciones de julio como resultado de los escándalos de corrupción y los niveles históricos de violencia.

La búsqueda frenética por parte del partido de una ventaja en las elecciones son las que llevaron al PRI a discusiones con Cambridge Analytica, cuyos detalles no habían sido reportados antes.

La propuesta de la empresa comenzó a circular en 2017, cuando Enrique Ochoa aún era presidente del PRI y buscaba soluciones para que su partido no se desmoronara. Para entonces, Cambridge Analytica, una consultora de datos que usó la campaña de Trump antes de la elección estadounidense de 2016, ya se había establecido en México para buscar negocio. El PRI era la opción más obvia: era el partido más grande y necesitaba ayuda desesperadamente.

El presidente Enrique Peña Nieto tenía los peores índices de aprobación que cualquier presidente en un cuarto de siglo; Cambridge Analytica le prometió al PRI lograr una remontada sorpresiva.

En su presentación por 7,2 millones de dólares al PRI, la empresa prometió mejorar la imagen del partido y destruir la de su principal competencia, Andrés Manuel López Obrador, quien lidera las encuestas. “Con técnicas similares a las empleadas en contra de Hillary Clinton en la elección presidencial de 2016”, Cambridge Analytica prometió “una poderosa estrategia de campaña negativa para socavar” a López Obrador.

La propuesta incluía un componente “de optimismo” para cambiar las percepciones negativas del partido gobernante; la táctica era sencilla:  una “campaña anti López Obrador”.

“No hay mejor ejemplo de esto que Hillary Clinton”, dice la consultora en su propuesta. “La puntera que muchos pensaban tenía una ventaja inalcanzable y que gastó mucho más que su rival republicano, fue derrotada justamente de este modo”. La empresa incluso mostró bosquejos de cómo la campaña de “Clinton corrupta” podrían verse con un enfoque anti-AMLO.

Pero los funcionarios del PRI decidieron que ese tipo de focalización de electores que la empresa dijo haber usado en Estados Unidos no iba a funcionar en México, según las personas con conocimiento de las discusiones. Los datos de los votantes mexicanos, dijeron, no estaban suficientemente desglosados.

Cambridge Analytica estuvo bajo un intenso escrutinio después de las revelaciones de que había explotado la información de decenas de millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento expreso y se declaró en bancarrota en mayo.

La empresa rechazó hacer comentarios sobre las negociaciones con México; el PRI, por su parte, negó tener relación alguna con Cambridge Analytica.

Sin embargo, el partido usó una serie de estrategias mediáticas, a instituciones de procuración de la ley y a órganos judiciales que controla, de acuerdo con observadores electorales independientes y exintegrantes del partido.

En febrero, la PGR anunció una investigación contra Ricardo Anaya, uno de los candidatos de oposición que va mejor en las encuestas que el candidato priista. Lo acusó de lavado de dinero y después publicó un video de Anaya en las oficinas de la procuraduría (en una reunión que solicitó el mismo candidato).

Cuando Anaya criticó la publicación del video, la PGR defendió su decisión al decir que lo hizo “derivado del interés público mostrado por los medios”. Los críticos destacaron que el gobierno no había publicado grabaciones similares para otras investigaciones que los medios han seguido muy de cerca, como la desaparición de 43 estudiantes. La PGR niega estar usando su posición para influir en las elecciones.

Las tácticas del PRI han desatado una reacción violenta. Varios mexicanos destacados —incluidos académicos, activistas y exfuncionarios— han exhortado públicamente al presidente a que deje de intervenir en las elecciones. Un poderoso consorcio de empresas hizo lo mismo.

“Cuando cruzas una raya así en este país realmente ya no queda nada que te detenga”, dijo Gustavo de Hoyos Walther, director de ese grupo gremial, la Coparmex.

Pasarse de esa raya es algo que ocurre con frecuencia en la política mexicana y va más allá de un partido en una elección. Pero De Hoyos y otros han alertado sobre el efecto que tiene en las instituciones mexicanas.

Los fondos para observadores electorales ha disminuido 81 por ciento en comparación a la última elección presidencial, en 2012, de acuerdo con un estudio reciente del grupo Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

Y muchos mexicanos dicen que la autoridad electoral más importante del país se ha visto comprometida: el tribunal especial encargado de supervisar a las autoridades electorales y, en última instancia, de validar la votación. A casi cada paso del camino este tribunal ha fallado en contra de lo dictaminado por los reguladores responsables de salvaguardar la integridad del voto.

Un caso que causó furor fue el de Jaime Rodríguez, un candidato presidencial particularmente extravagante apodado el Bronco.

Para conseguir estar en la boleta como independiente, Rodríguez entregó casi 900.000 firmas, pero el Instituto Nacional Electoral encontró que más de la mitad eran fraudulentas, por lo que dictaminaron que no cumplía los requisitos para ser candidato.

Entonces el tribunal electoral, cuyos integrantes fueron designados en 2016 por el Congreso de mayoría priista, revirtió la decisión al considerar que el Bronco no recibió un trato justo.

La decisión fue objetada en todo México. Rodríguez Calderón es gobernador con licencia y, como López Obrador, se presenta como alguien ajeno al sistema que puede enfrentarse a los intereses de quienes lo componen. Los expertos dicen que su presencia podría restarle votos a López Obrador.

Otra decisión contenciosa por el tribunal electoral involucra el uso de tarjetas prepagadas entregadas a los votantes.

Según la ley mexicana, esas dádivas no son ilegales a menos que sean usadas por el partido explícitamente para conseguir votos. Estas tarjetas son usadas en todos los niveles del gobierno y por prácticamente todos los partidos políticos. Pueden usarse para un almuerzo gratis o despensas de 25 dólares.

Pero en los últimos años su uso durante periodos electorales se ha vuelto innegable: una y otra vez los ciudadanos han denunciado que les prometieron esos beneficios a cambio de su voto.

Sucedió durante la elección de 2012, en la que Peña Nieto llegó al poder. Y en 2017, cuando el PRI ganó las elecciones en los estados de Coahuila y de México, los reguladores investigaron gastos cuestionables durante las campañas. Realizaron auditorías y anunciaron en julio pasado que habían encontrado irregularidades en el gasto de publicidad, pagos a organizadores de campo y en monederos electrónicos.

Las repercusiones podrían haber sido graves; esos hallazgos pueden invalidar una elección. Pero, antes de que sucediera eso, el tribunal electoral descartó las auditorías y dijo que eran inválidas.

“El tribunal resuelve siempre conforme a derecho”, indicó. “Nuestras sentencias y los datos estadísticos son una prueba de ello: en este proceso, ninguna de las fuerzas políticas ha sido o se ha favorecido por las resoluciones en una manera desproporcional”.

La polémica respecto al tribunal surgió de nuevo. En septiembre, los consejeros electorales anunciaron que regularían con mayor firmeza el uso de los monederos electrónicos durante la contienda de 2018. Y fueron aún más lejos: declararon que el gasto en programas sociales estaba siendo manipulado para fines electorales.

Sin embargo, ese esfuerzo regulatorio fue frenado antes de que pudiera empezar, por el mismo tribunal electoral.

A los analistas les preocupa que las decisiones del tribunal ya han tenido un efecto en la elección, al permitir que el gasto en campaña no sea monitoreado.

Por ejemplo, en las afueras de Ciudad de México, los muros de muchos hogares lucen capas de pintura nueva y camiones con tinacos están llegando a comunidades con escasez de agua, cortesía de los partidos políticos en busca de votos.

Con frecuencia, el gasto del gobierno aumenta en programas para el combate del hambre o para ayudar a los pobres; dichos programas son transformados en máquinas de compra de voto durante los años electorales. Este no es la excepción. Los gastos totales en los principales programas sociales mexicanos se dispararon un 20 por ciento en los primeros cuatro meses del año, de acuerdo con el grupo de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

Sin embargo, pese a todos esos esfuerzos, las ganancias han sido marginales para el partido gobernante, que aún parece encaminarse a una derrota contundente en julio. El candidato José Antonio Meade está en un distante tercer lugar en encuestas.

De hecho, las acciones priistas parecen haber surtido el efecto contrario y posiblemente terminaron por ayudar a López Obrador.

“El uso de oficinas, recursos e instituciones públicas para propósitos electorales es tan visible en esta campaña y apunta hacia el flanco más débil de nuestra democracia”, dijo Guillermo Cejudo, profesor de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), una universidad en Ciudad de México.

“Desafortunadamente”, añadió, “las instituciones de procuración de justicia son herramientas usadas por la élite económica y política no para defender y proteger a los mexicanos, sino para golpearse el uno al otro con un palo”.

con información del New York Times

https://www.nytimes.com/es/2018/06/27/mexico-elecciones-amlo-aguascalientes/

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